Plantada en el altar, Zoey Bennett contrata a un acompañante para recuperar la confianza y descubre que es Christian Kensington, director ejecutivo de una bodega. La atención pública y las expectativas del abuelo de él los obligan a mantener una apariencia de relación vinculada a su herencia. Cada vez cuesta más separar la actuación de unos sentimientos que ninguno esperaba.