Clarisa vuelve tras tres años en un campamento correccional que su familia llamaba rehabilitación. Siguen rechazándola y negándose a reconocer que su hermana la incriminó. En vez de suplicar aceptación, empieza a revelar el daño que ignoraron y recurre a un contacto secreto para preparar su respuesta.
Sarah despierta en su habitación de adolescente con los recuerdos del sufrimiento causado por sus hermanos adoptivos Ethan y Chloe. El plan de fuga que proponen repite el comienzo del desastre anterior. Mientras sus padres desconocen la manipulación, decide dejar de buscar la aprobación de sus hermanos y seguir otro camino.